ANALISIS DE COYUNTURA: “SALIDA HONROSA”

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En la cambiante situación de crisis económica y política del Ecuador se puede observar una nueva coyuntura, en la que se registran varios elementos de importancia para el devenir del país en el corto y mediano plazo.

Por un lado se observa una notable recuperación de la participación política de la sociedad, expresada mediante marchas de protesta en las calles, en particular de parte de los sectores sociales y el movimiento indígena, contrarios al régimen autoritario correísta, a los que se empiezan a sumar diferentes estratos de la clase media.

Participación de la ciudadanía que comienza a organizare, convocar y ampliar su radio de acción, luego de un período de desmovilización producto de la falta de unidad y claridad de varios de los líderes de oposición que no supieron o no quisieron canalizar (ni capitalizar) el descontento generalizado y la protesta social de los meses de junio, julio y agosto para exigir la renuncia de Rafael Correa, lo que permitió al caudillo mantenerse en el poder, aunque enormemente debilitado.

La nueva y creciente protesta en el país, parecería adquirir fuerza y superar dichas deficiencias como consecuencia del empeoramiento de la crisis económica provocada por el régimen, y del proceso de concientización política de la población en relación al peligro que representa para el futuro democrático del país la reelección indefinida de un régimen autoritario vía la eventual aprobación en la Asamblea Nacional de varias reformas anti constitucionales en diciembre próximo.

No es casualidad por ello que en la reciente y vigorosa marcha del 11 de noviembre se escuchara con fuerza consignas en contra del modelo extractivista de desarrollo (fallido), la política económica causante del desempleo y aumento de la pobreza, así como contra las mal llamadas enmiendas, acompañadas del grito de “Fuera Correa, Fuera”. Protesta que continuará conforme nuevas convocatorias a marchas y a una huelga general durante las semanas venideras.

De otra parte, derivado de la crisis económica y política, así como del creciente descontento popular, se observa un proceso de debilitamiento del poder político y de erosión de legitimidad democrática del régimen. Esta situación de gran debilidad, simulada por la propaganda gubernamental, se puso en evidencia tras el sorpresivo anuncio efectuado por Rafael Correa de que no participará en las próximas elecciones. En pocos días Correa ha reiterado a los medios de comunicación que ha propuesto al interior de Alianza País que la enmienda de la “reelección indefinida” sea aprobada con una transitoria que le impediría postularse para presidente para el próximo período, la cual afectaría también a otros representantes de elección popular y a una buena parte de la bancada oficialista dentro de la Asamblea Nacional. En su lugar, Correa propone que sea candidato otro miembro de su partido, habiendo expresado de manera categórica su preferencia por las candidaturas de Lenin Moreno y/o Jorge Glas. Ambos personajes oscuros de la actual política ecuatoriana, que no aseguran continuidad del “Proyecto” y menos aún lealtad, incluso si su actual jefe y caudillo continúa activo políticamente.

No hace falta ser muy profundo en el análisis para apreciar la falta de coherencia y sindéresis en las infantiles e incongruentes explicaciones que sin ningún rubor ha soltado Correa y su régimen a la prensa, sobre su supuesto derecho a la “sana vanidad” para de manera por demás cínica “explicar” su nuevo cambio de actitud sobre su no postulación en las elecciones de 2017. Argumento deleznable al que añade la ilusoria propuesta, al más viejo estilo velasquista, de volver a postularse en el 2021 “en caso de que las cosas vayan mal”.

Más allá de la aberrante retórica populista del caudillo, barnizada con falsas ilusiones, para toda la población ha quedado claro que este cambio oportunista de actitud obedece a la imposibilidad de revertir el proceso de deterioro político de su gobierno, y que al parecer es la antesala del fin del Correísmo. Fin doloroso que lo obliga a optar por una “salida honrosa” que de lograr articularse con la elección de un gobierno títere que le cubra las espaladas, le permitiría eso sí disfrutar de un cómodo retiro de la política después de una década de usufructo del poder sin controles de ningún tipo.

La posición del caudillo, sin embargo, podría complicarse más debido a su conflictiva relación con las Fuerzas Armadas, la cuales a pesar de las presiones del gobierno se han resistido a ser parte de un proyecto totalitario a todas luces fallido. La deteriorada relación se hizo notoria la semana anterior a raíz del juicio montado por el régimen en contra de varios ex militares ecuatoriano, por su participación en actos que habrían constituido una violación de los derechos humanos durante la lucha contra la insurgencia armada en los anos ochenta, con el claro objetivo de dividir y manipular a la institución armada. Una utilización burda de la justicia con fines políticos, respecto de un tema sensible que debe ser tratado de manera imparcial, pero que afortunadamente ha sido rechazada de manera frontal por la institución castrense, lo que ha infringido un duro golpe al ego encumbrado del caudillo.

La actitud audaz y manipuladora de Correa respecto de la institución militar, producto seguramente de su estado de preocupación combinado con su forma utilitaria de ejercer el poder, no deja de llamar la atención, tomando en cuenta que fueron precisamente las Fuerzas Armadas y la Policía quienes en buena medida impidieron que el pueblo airado del Ecuador lo obligara a dejar el poder en los meses pasados.

Es interesante notar, en la misma línea de lo antes señalado, que el anuncio de Correa de no participación en la próxima contienda electoral se produce poco después del malogrado debate sobre la crisis económica del país, y de que el interlocutor que se suponía era uno de sus mejores aliados lo desafiara y le increpara que durante la campaña  electoral de 2006 se benefició del aporte de los hermanos Isaías. Hecho político que será recordado entre las anécdotas del fin del correísmo y como señal unívoca de la perdida de autoridad del alicaído caudillo a todo nivel.

La derrota reciente del corréismo en las elecciones de rector, en la Universidad Andina, en Quito, es sin duda otra muestra del estado de debilitamiento y de perdida de influencia política del gobierno.

Una situación en definitiva difícil de manejar, en la que ni las “alianzas” del régimen con ciertos sectores empresariales, ni la complicidad de analistas e intermediarios para tranquilizar a los mercados y organismos internacionales, o los pactos con algunos dirigentes políticos, le aseguran al régimen la consecución de la ansiada salida “honrosa” del poder.

Para finalizar cabe un comentario sobre la situación del régimen a nivel internacional. En el ámbito regional es cada vez más claro el terrible golpe que significa para el falaz “Socialismo del Siglo XXI” la ya anunciada y próxima derrota electoral del Kirchnerismo y Chavismo en Argentina y Venezuela, con las consecuencias que a nivel personal esto representa para sus otrora poderosos líderes. En un plano más general, es evidente que la “marca” del “Socialismo del siglo XXI” ha perdido brillo y atractivo para las posibles bloques y potencias emergentes, interesados en los juegos de poder regionales en contra de Occidente desarrollado, tal como se demostró en la conferencia cumbre lde países Árabes y América Latina, en donde los gobiernos de Venezuela y Ecuador, tuvieron un rol intrascendente y marginal.

Lamentablemente para Rafael Correa las elecciones de 2017 distan aún muy lejos en el tiempo. Queda aún un difícil y pedregoso camino por recorrer, a lo largo del cual se mantiene latente la amenaza de un estallido popular en su contra, y la posibilidad de pasar a la historia como uno de los peores presidentes de las últimas décadas, por haber dilapidado enormes recursos sin precedentes en la historia moderna y por destruir la institucionalidad democrática del país.

En las próximas semanas y meses se verá cuál es la suerte del régimen en este sentido, pero lo que si está claro es que se ha iniciado el fin del Correísmo, con todas las consecuencias que esto entraña y que metafóricamente nos evoca el naufragio de un barco, en medio de una tempestad, con un capitán fuera de control, y cuyos tripulantes tienen pocas probabilidades de sobrevivir.

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ARTICULO: REFLEXIONES DE COYUNTURA por Gustavo Palacio Urrutia

En la actual coyuntura de crisis política y económica hay tres aspectos del régimen correísta que llaman la atención.

En primer lugar considero importante subrayar la virulencia tanto verbal como física con la que actúa el régimen correísta en respuesta al creciente descontento y a la protesta popular.

Durante varios días el país y la comunidad internacional fueron testigos de la brutal represión de amplios sectores sociales, pero en particular del movimiento indígena, la cual no tiene precedentes en términos de violación de los derechos humanos en la historia reciente del país y que fue posible gracias a la manipulación de un sector de la Policía y las Fuerzas Armadas. Represión que fue además acompañada de acusaciones judiciales, enunciados racistas y de una supuesta supremacía blanco mestiza contenida en el discurso oficial.

La virulencia verbal del régimen correísta, con su retórica de división y antagonismo social, adquirió asimismo niveles preocupantes tanto a nivel nacional como internacional, por el conflicto diplomático surgido recientemente con la Iglesia Católica. Me refiero a la inusitada agresión en contra de Monseñor Antonio Arregui por haberse “atrevido” a reiterar su llamado a un verdadero diálogo y al archivo de las enmiendas para restaurar la paz social. Dicho ataque verbal a uno de los representantes más importantes de la Iglesia Católica en el Ecuador, al que se acusa de “hacerle el juego a la derecha” fue iniciado por Alexis Mera pero lo continuó el propio Correa en su última sabatina. En su alocución Correa hizo extensivo su reclamo a la Iglesia Católica y al propio Vaticano, para lo cual citó una supuesta violación al “Derecho Romano” (en lugar de Derecho Canónico como corrigió después) mostrando su atolondramiento cuando es presa de sus arrebatos de ira.

La agresión contra la iglesia se formalizó mediante un comunicado de la Presidencia de la República a la Santa Sede. Sin embargo, lo que más llamó la atención y que quedará marcado como un acto bochornoso de manipulación de la información de la diplomacia correísta fue la exposición pública que hizo Correa del contenido de las notas personales que, en cumplimiento del protocolo de Jefes de Estado, ha recibido del Papa Francisco en agradecimiento por las atenciones recibidas en el Ecuador. Actitud antiética que pretende mostrar supuestas “inconsistencias” del Vaticano con la intención de restar valor al pedido de rectificación y diálogo hecho por la Iglesia Católica al régimen. El ataque del gobierno resulta chocante además por su permanente actitud oportunista frente a la Iglesia, a la que ha tratado de utilizar para legitimar su política económica y social.

En segundo lugar es necesario destacar que como parte de una estrategia para perpetuarse en el poder Correa combina la represión y fomento del antagonismo social, con elementos de división de la oposición, chantaje y propaganda política. Consciente de las diferencias de intereses de la oposición, Correa intenta provocar confusión y división alrededor del tema de las enmiendas, su llamado al diálogo y su eventual salida del poder. Por un lado lanza mensajes confusos que dan lugar a especulación sobre su participación o no en los comicios del 2017, por otro realiza declaraciones de apertura y acercamiento al sector empresarial, dirigidos en particular a los “hombres fuertes” de mayor influencia económica y política, con quienes le interesa construir alianzas, sobre una posible reducción del aparato del Estado e introducción de medidas económicas compensatorias para favorecer la inversión privada. Esto acompañado de su política clientelar para escindir los sectores populares y cooptar movimientos políticos. Paralelamente, mediante su retórica tecnocrática pretende justificar la grave crisis económica generada por su gobierno, así como el incremento de la ya abultada deuda externa y pública, en base a la caída del precio del petróleo y la revalorización del dólar. En ese marco, se atreve incluso a criticar la dolarización, como causante de la agravación de la crisis, para justificar un posible paquetazo económico de ajuste, conforme lo anunció Alberto Dahik en un panel conjunto, organizado por el gobierno, con Fander Falconí y Pavel Muñoz.

Los aspectos antes mencionados pienso configuran una realidad política que debe ser interpretada de manera clara por los ecuatorianos: vivimos bajo una Dictadura, que construye la verdad a su antojo, que controla todos los poderes del Estado y que no tiene miramientos con nada ni con nadie que ose “desafiar” al endiosado dictador. Régimen que se mantendrá indefinidamente en el poder, haciendo caso omiso de las advertencias de la sociedad y que continuará la destrucción sistemática de la economía nacional así como de su institucionalidad democrática, a menos que el pueblo ecuatoriano se una y lo derrote en las calles haciendo uso de su derecho a la resistencia y exigiendo la renuncia del “presidente”, conforme lo contempla la constitución.

Dictadura civil que no respeta la voluntad popular y que no por coincidencia compagina con el carácter y forma de ser de Correa. Cabe recordar que Fabricio Correa en varias ocasiones ha comentado sobre el hecho de que su hermano desde pequeño ha tenido un carácter violento, intolerante e irascible y que en varias ocasiones se vio obligado a defenderlo de otros chicos a los que buscaba pleito, y/o sujetarlo hasta que se calme de sus ataques de rabia. Fabricio también ha comentado sobre la obsesión que tenía de niño su hermano de jugar con sus amigos a ser presidente; “cargo” que sólo admitía sea representado por él. Fabricio ha alertado que a su hermano se le diagnosticó un problema de personalidad congénito, que no ha cambiado y que debido a la violencia que se podría desatar teme por su vida. (Apreciación que no dista de ser verdad si consideramos los acontecimientos provocados por Correa el 30 de septiembre de 2010). En entrevista a periodistas del diario “Die Zeit” Fabricio Correa señala adicionalmente que según expresiones de la propia esposa de Rafael Correa, éste se considera predestinado a conducir los destinos del Ecuador con un proyecto que necesariamente debe ser totalitario. https://www.youtube.com/watch?v=cqGqNjMuY7c

Es necesario resaltar finalmente que a pesar de las bravatas de Correa y de sus esfuerzos por retomar la iniciativa con gestos de agresión e intimidación, producto del repliegue temporal de las múltiples fuerzas de oposición, su situación como político al mando de la dictadura civil continúa deteriorándose. El tema central continúa siendo el creciente desagrado con la figura prepotente de Rafael Correa y su discurso denigrante de la sociedad; la concentración de todos los poderes, la violación de los derechos fundamentales, su mala conducción de la economía, la corrupción galopante y su empecinamiento en permanecer indefinidamente como presidente. Hay que añadir que como reacción a la represión desatada y la virulencia verbal propia de la retórica correísta, así como por el agravamiento de la crisis económica, los ánimos de la población lejos de calmarse se han incrementado. Hoy son muchísimos los ecuatorianos que esperan la ocasión oportuna para volver a expresar su descontento en las calles, lo que posiblemente ocurrirá en septiembre y que coincide con el nuevo paro anunciado por los sectores sociales y el movimiento indígena.

De otra parte, y de la mano con lo anterior, al haberse devaluado el poder carismático de Correa, se afecta su capacidad para forjar alianzas y lealtades duraderas. Limitación de especial importancia en la actual coyuntura en vista de las aspiraciones de Correa de contar con el respaldo de la cúpula de las Fuerzas Armadas y la “elite” empresarial. En el primer caso, existe conciencia de que tarde o temprano, en las actuales circunstancias internas y externas, Correa con su actitud intemperante se verá obligado a dejar el poder, y tendrá que rendir cuentas por corrupción, violación de la constitución y de los derechos humanos. Estigma político que nadie desea compartir por más apetecible que sea la recompensa. La cúpula sabe además que en la mayoría de mandos medios y tropa existe un creciente descontento con el tirano que demanda también el archivo de las enmiendas. Una situación similar se da en el caso de los empresarios, que saben que en el actual panorama de debacle económica anunciada nadie quiere que lo identifiquen como cómplice del Correísmo, peor si se trata de un régimen que no negocia ni discrimina cuando se le ocurre encontrar enemigos de la revolución. Para ellos son pocos los beneficios que se pueden obtener en condiciones de una severa recesión económica manejada por una Dictadura corrupta.

Situación en suma de ingobernabilidad que también se ve agravada por fenómenos naturales del país: la posible erupción del Cotopaxi y el Fenómeno del Nino, así como por un desfavorable clima económico y político internacional, de decadencia acelerada de los regímenes autoritarios del socialismo del siglo XXI en la región latinoamericana.

Es fundamental por todo ello que los sectores de oposición continúen con su estrategia de unidad, que propugne una gran Acuerdo Nacional, y que impida al dictadorzuelo continuar jugando con los destinos de la nación. No hay que descartar sin embargo, como lo hemos señalado anteriormente, que ante una protesta masiva de la población, Correa opte por dejar el poder haciéndose pasar como “víctima” de un supuesto golpe de Estado.

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UNICA ALTERNATIVA NACIONAL: UNIDAD SOBRE LAS DIFERENCIAS por Gustavo Palacio Urrutia

El agravamiento de la crisis política y económica ha deslegitimado de manera significativa al régimen caudillista de Rafael Correa. Sin una base popular de apoyo, la ola creciente de protesta social lo coloca en una delicada situación de ingobernabilidad que podría obligarlo a concluir  de manera anticipada su mandato, como ha ocurrido con varios regímenes anteriores.

 Situación política grave y que, de manera similar a lo sucedido en el pasado, podría desembocar en su salida, de producirse la unidad y presión política conjunta de todos los sectores de la oposición amparados en el “derecho a la resistencia” consagrado en la constitución vigente. Unidad que llegaría a contar con el apoyo y legitimación democrática de la mayoría de la población, así como con el beneplácito de las Fuerzas Armadas, todo lo cual facultaría la salida constitucional del régimen vía la renuncia al cargo.

 La posibilidad de dicha unidad, sin embargo, aunque a simple vista parecería natural y lógica, tiene sus bemoles de complicación. Principalmente hay que considerar que si bien todos los representantes de la oposición respaldan las demandas de la  protesta popular en las calles, incluida la no reelección, catalogadas por el gobierno como inaceptables ya que presuponen el fin del correísmo, éstos difieren respecto de cuándo y cómo Correa debería dejar el poder.

 Las últimas semanas de agitación política han servido precisamente para que los diferentes líderes y sectores políticos de oposición expresen y justifiquen tanto discursivamente como mediante sus consignas y participación en las calles, con argumentos a favor y en contra, su posición respecto del fin del gobierno de Correa.

 Para comenzar observamos un grupo numeroso que continúa creyendo que, a pesar de la represión y el derramamiento de sangre provocado, hay que seguir insistiendo en el pedido (en las calles) de “rectificación” al “Presidente” de la República.  Son varios los políticos  y analistas que en dicho grupo plantean el tema desde una perspectiva netamente jurídica, de orden constitucional. Reproducen con acuciosidad el discurso legalista formal tan arraigado en la cultura política del país. Arguyen que a Correa se lo eligió por un determinado período y que la “voz del Pueblo” debe respetarse, sin importar las consecuencias. Hay otros que tienen una perspectiva similar, pero que argumentan desde el ámbito de la sociología y las ciencias políticas. A ellos les parece necesario que el pueblo ecuatoriano se mantenga dentro de los carriles de la “gobernabilidad democrática” y se supere la vergonzosa tradición de “tumbar presidentes”, que tanto daño, según ellos, le hace a la imagen del país, sin importarles las consecuencias de vivir bajo un régimen antidemocrático dirigido por un déspota dictador, para colmo claramente desequilibrado. Estiman que Correa, aunque sea un inepto, debe hacerse cargo de la grave crisis política y económica creada por su gobierno. Calculan que así se desgastará aún más y terminará arruinado políticamente.

Entre ambos grupos hay muchos ex correístas que guiados por la teoría populista de Laclau, puesta en práctica en Venezuela y luego en Ecuador con la ayuda de asesores españoles, contribuyeron a construir un andamiaje jurídico constitucional apropiado para que Correa pueda cooptar todos los poderes. Algunos de ellos incluso obtuvieron beneficios y prebendas durante su participación en el gobierno. Temen que apoyar la destitución inmediata de Correa pudiera ser interpretado como un reconocimiento de su responsabilidad respecto del creciente modelo autoritario y represivo.

 También hay quienes desde una  óptica discursiva aún más conservadora consideran que la presencia de Correa hasta el 2017 serviría de “lección política” para que “el Pueblo” aprenda a elegir (“la letra con sangre entra”)  bien a sus mandantes pues éste está mal acostumbrado y siempre elige caudillos populistas corruptos.

 Asimismo son varios los políticos que se escudan en sus funciones públicas, por considerar la situación poco clara, y optan por el silencio: piensan que en este momento no es un “buen negocio” sacar a Correa pues no recibirían nada en el “reparto del poder”, forma tradicional de ver la política en Ecuador. Estiman que en el 2017, cuando la cuota del poder se corresponda con el volumen de exposición mediática, posicionamiento de la imagen, nivel de popularidad, aportes económicos recibidos, capacidad de movilización de recursos, alianzas efectuadas, en lo que sería una elección muy dividida, tendrían más posibilidades que ahora.

 Saben que en términos de la democracia electoral, en medio de la crisis y de la fragmentación social que existe en el país, bajo las actuales reglas vigentes, con incluso menos del 40% de los votos podrían aspirar a llegar al poder. Hay finalmente políticos, analistas, así como empresarios preocupados pero escépticos, que estiman que el pueblo no ha madurado lo suficiente para plantear la salida anticipada de Correa, y que el riesgo de ser acusados de  “conspiración” y sufrir posibles represalias del régimen es alto.

 Para todos ellos, el grito de “Fuera Correa Fuera” expresado por las multitudes de ecuatorianos que protestan en las calles, debe ser interpretado (sin que haya claridad ni homogeneidad en su explicación) no como lo que literalmente significa, sino como el pedido de rectificación y permanencia en el poder hasta 2017 antes mencionado.  Interpretación, a mi modo de ver, sin sustento, en particular si se analiza el contenido del resto de consignas que el pueblo grita contra el gobierno de Correa, que coinciden con el pedido de salida del poder.

 Un segundo grupo pienso lo constituyen la mayoría de ecuatorianos que salen a protestar, que va más allá de los líderes políticos y sociales salvo importantes excepciones, que plantean la consigna de  “Fuera Correa Fuera” y están convencidos de su mensaje de manera literal. Para ellos la posibilidad de que Correa permanezca en el poder hasta el 2017 constituye un peligro de agravamiento de la crisis  política y económica, así como de la represión y de fortalecimiento de un proyecto autoritario (incluso totalitario) de permanencia indefinida en el poder. Según su entender Correa ha dejado de ser un Presidente que goza de credibilidad y legitimidad democrática. Lo catalogan como un dictador que ha violado la constitución en varias ocasiones, que ha cooptado todos los poderes del Estado, que ha violado los derechos humanos de los ecuatorianos y ha puesto al país al borde del abismo en términos económicos y de gobernabilidad.

 En este segundo grupo es más común encontrar personas con una visión crítica y menos dócil con el poder del gobierno, inconformes con la hegemonía discursiva del poder correísta. Lo conforman individuos y grupos sociales dispuestos incluso a arriesgar el bienestar y seguridad de ellos y sus familias. Son personas respetuosas con las autoridades democráticamente elegidas pero irreverentes cuando abusan del poder y violan los fundamentos del sistema democrático. Allí están miembros del movimientos indígena, de gremios de trabajadores y empleados públicos, de los sectores sociales, de la clase media, incluso empresarios. Tienen como característica principal ser libertarios, de diferente tendencia ideológica, fieles al principio de que es preferible morir de pie antes que vivir de rodillas. Sus intereses están afincados más en valores humanistas universales que materiales. En términos de cantidad, tal vez todavía no representan a la mayoría de la población, pero sin duda conforman la tendencia que más crece a lo largo y ancho del país, pues sus ideas libertarias y de dignificación del ser humano ante el poder en la actual coyuntura resultan contagiosas. Son varios los líderes políticos y de opinión de oposición que forman parte de este grupo y que plantean se exija la renuncia de Correa.

 Hay también un tercer grupo, igualmente significativo, conformado por el ecuatoriano trabajador de la calle, empleados públicos, y/o emprendedor que están molestos con la situación política y económica, que desean un gobierno distinto, de carácter democrático, que repudian la represión y el abuso de poder del régimen correísta, pero que debido a su ocupación y responsabilidades, en medio de una aguda crisis económica, luchan por su supervivencia y se sienten impedidos de expresar su opinión como desearían. Es un sector que está dispuesto a salir a las calles, pero que para hacerlo espera la convocatoria de un líder o de las organizaciones sociales correspondientes.

Es interesante notar, en base al análisis presentado, que si bien existen diversos intereses y posturas sobre la salida de Correa, estos no superan en términos de impacto político los factores de coincidencia y acuerdo que favorecen un necesario proceso de unidad de los sectores opuestos al régimen.

 Así, por ejemplo, existe completo acuerdo en que Correa ha perdido legitimidad y en que no posee las cualidades necesarias para conducir los destinos del país en la actual situación de crisis nacional. Todos los sectores han expresado su rechazo a la acumulación de poder, la violación de los derechos humanos, la corrupción galopante, el incremento del narcotráfico, el discurso descalificador, racista y denigrante de la identidad ecuatoriana, así como su desacuerdo respecto del manejo de la economía, sus políticas clientelares, el despilfarro de los recursos, el endeudamiento público.

Existe un claro acuerdo, finalmente, alrededor de un factor aglutinador (que se alimenta de todo lo anterior) de la mayoría de la población y líderes políticos: la oposición a que Correa continúe en el poder después del 2017. A todos les preocupa la falta de independencia de  los órganos de control del Estado, pero en particular del Consejo Electoral. Coinciden por ello en su decisión de continuar apoyando las movilizaciones de sus seguidores en las calles hasta que se escuchen las múltiples demandas exigidas por la población. Lo que en términos políticos prácticos representa para Correa una situación muy difícil de aceptar y mantener, en vista del carácter autoritario y represor de su gobierno.

A mi modo de ver, un paso importante que busca rescatar esos elementos de coincidencia de la oposición, para forjar en la práctica un proceso de unidad de acción, de carácter realista y  pragmático, ha sido realizado por la dirigencia del Movimiento Indígena y de los trabajadores durante las recientes históricas marchas y paros del presente mes de agosto, reiterado en la Asamblea Popular en Quito. Con un sentido de suspicacia política frente a la amenaza que significaría librar una lucha por separado contra la dictadura correísta, dicha dirigencia ha convocado a los sectores de oposición a unirse alrededor de una agenda común: el archivo de las enmiendas constitucionales, que incluye la no reelección indefinida, así como de varios otros puntos de especial interés para el movimiento indígena y los sectores populares.

Paso importante que por razones éticas y de supervivencia debería consolidarse aún más, y cristalizarse en la práctica política, en vista sobre todo de la brutal represión emprendida por el gobierno contra el pueblo ecuatoriano, en complicidad con un sector de la policía y las Fuerzas Armadas. Represión criminal que obliga a actuar en función de principios más que de ideología en la lucha contra el correísmo. Proceso de unidad que por dicha razón no debería marginar ni descalificar otros sectores que, aunque de distinta afiliación ideológica,  también han hecho un llamado a la unidad.

A manera de conclusión hay que señalar que probablemente muy pronto será imposible para el gobierno y el país continuar en la situación de crisis política y descalabro económico provocada por el régimen, que se aferra a no escuchar las demandas de la población y a permanecer de manera indefinida en el poder.  Será entonces necesario que todos los ecuatorianos unidos exijamos a los líderes políticos y organizaciones sociales que se unan aún más alrededor de acuerdos puntuales y acciones programadas conjuntas, que convoquen a toda la población y  exijan públicamente una decisión de Rafael Correa sobre las demandas sociales a él planteadas: O acepta archivar las enmiendas constitucionales y su aspiración de permanecer indefinidamente en el poder o presenta su renuncia al cargo de presidente, conforme lo prevé la constitución. Pedido que en virtud de la legitimidad democrática que le brinda la unidad de todos los sectores políticos y la participación popular deberá gozar también del respaldo de las Fuerzas Armadas del Ecuador.

Es de aspirar que la dirigencia del movimiento indígena, así como del movimiento obrero, sectores sociales y de los sectores medios de la población que lideran las grandes movilizaciones sociales puedan forjar un gran acuerdo nacional con una agenda puntual sobre lo que significará la salida tarde o temprano de Correa, y la reconstrucción de la institucionalidad democrática, que requerirá del esfuerzo conjunto de toda la sociedad. Agenda que deberá ser lo suficientemente flexible para persuadir al resto de sectores del amplio espectro político, económico y social, a unirse alrededor de la causa común de la libertad y la democracia. En la misma línea estimo que es fundamental que dichos sectores tomen conciencia de que la superación del correísmo demanda la reorientación del actual modelo de desarrollo, hacia uno más incluyente y justo, en el que primen la defensa de los derechos humanos y del individuo. Un estado Plurinacional y multiétnico,  con el que convivan los diversos sectores económicos, políticos y sociales del país, en armonía con la naturaleza, condiciones imprescindibles para el desarrollo sustentable.

La posición en la que queda Correa frente a la cambiante coyuntura política, de creciente descontento, es a todas luces desfavorable tomando en cuenta los negros nubarrones en el ámbito económico. Si bien el tema requeriría un análisis más extenso me permito por ahora señalar que a pesar de la manipulación de las Fuerzas Armadas para reprimir a la población, hubieron señales claras de que no cuenta con el respaldo incondicional de la institución. Mi impresión es que los ciudadanos ecuatorianos que la conforman también repudian a Correa y que en su mayoría preferirían unirse a la lucha popular antes que servir los intereses y caprichos de un dictador perturbado.  Es interesante notar igualmente que incluso la Iglesia Católica, que también se ha expresado a favor de una solución pacífica, rechaza el capricho de Rafael Correa de no negociar con el pueblo ecuatoriano, y de querer permanecer indefinidamente en el poder.

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LECCIONES DE LA PROTESTA SOCIAL EN EL ECUADOR por Gustavo Palacio Urrutia

LECCIONES DE LA PROTESTA SOCIAL EN EL ECUADOR (16 de agosto del 2015)

Son varias las lecciones que nos dejan las recientes protestas que han estremecido al país.

Se han registrado conjuntamente uno de los levantamientos  del movimiento indígena, paro de trabajadores y movilizaciones de los sectores sociales de mayor significación en las últimas décadas, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Son innumerables las imágenes, captadas por los lentes de cámaras, teléfonos inteligentes y drones, publicadas en internet, de ríos de gente (con cálculos que superan las 200.000 personas en Quito) que han salido a las calles en varias ocasiones para expresar su descontento y que amenazan con continuar la protesta hasta ser escuchados por el régimen correísta. Hecho social que se corresponde con el malestar mayoritario registrado en las redes sociales.

En las calles del país, en particular en Quito, se ha observado multitudes altamente concientizadas, consecuencia de un proceso de maduración política de varios años, que propugnan un cambio de políticas públicas y si es necesario de gobierno, y cuya energía rebasa las posibilidades de contención del régimen. Energía social que se deriva de la unidad del movimiento indígena con el movimiento de los trabajadores, así como de muchísimos gremios y  movimientos de ciudadanos, tanto de sectores populares como de la clase media, que si bien reivindican diferentes intereses,  tienen en común la lucha por la libertad y la democracia, lo que incluye el ser tratados de manera digna,  como mandantes de un gobierno, y no como entes oprimidos por un régimen autoritario.

Unidad solida que se evidencia en muestras inéditas de respeto mutuo, solidaridad, compañerismo que fortalece nuestra identidad de ecuatorianos y en la que influye de manera importante la espiritualidad y cosmovisión de los pueblos indígenas.

La respuesta del gobierno corrupto y mafioso de Correa, caracterizado por un discurso intolerante y racista, ha sido como se esperaba llena de prepotencia; ciega y sorda ante el clamor popular para que archive las enmiendas constitucionales con las que pretende dejar la puerta abierta para permanecer indefinidamente en el poder, o poner un gobierno títere para después él volver. Nadie de sus cercanos colaboradores o coidearios se atreve a contradecirlo y peor indicarle que la protesta social contra el correísmo se está convirtiendo en un enorme tsunami que amenaza con arrasar su gobierno y movimiento político. Reacción incontenible que también rebasa a la de la mayoría de líderes de oposición, en particular de centro y derecha, que salvo ciertas excepciones han manejado un discurso conciliador con la dictadura, pero que conscientes de la situación ya dejan entrever la posibilidad de terminación anticipada del correísmo.

La ácida y torpe reacción del gobierno autocrático de Correa contra el pueblo ecuatoriano provoca que cada día pierda aún más legitimidad democrática, lo que le resta autoridad para dirigir los destinos del país, en particular en una situación de crisis política y económica como la que vivimos. En lo personal pienso que dicho proceso comenzó el mismo día de las elecciones de Febrero de 2013, cuando supuestamente Correa “ganó” las elecciones, pues dichos comicios se produjeron con “la cancha inclinada” en medio de escándalos de corrupción y denuncias de fraude con la complicidad de un consejo electoral dependiente de Correa, que permanecen en la conciencia popular hoy en día. Desde esta perspectiva, no sería coincidencia que tan sólo un año después el gobierno perdiera rotundamente las elecciones de gobiernos locales, como ocurrió en febrero de 2014. Las movilizaciones han ido fortaleciéndose e incrementándose desde entonces.

Al punto anterior hay que agregar los preocupantes síntomas de desequilibrio de la personalidad y conducta de Correa frente a la crítica situación a la que ha llevado al país: negación de la realidad, delirios de persecución y grandeza, cambios súbitos de estado de ánimo, alto grado de agresividad, que se manifiestan en su animadversión hacia la población, y se expresa en injustificadas órdenes de represión y criminalización de la protesta social. Cuadro que amerita que el mandatario sea atendido por especialistas en el campo de la psicología y/o psiquiatría de manera urgente.

La situación de crisis crea un país dividido, de manera antagónica, entre el pueblo soberano, representado por la mayoría de ciudadanos y sectores sociales, que expresan su descontento en la calle por ya varios meses,  después de varios años de resistencia, y un gobierno déspota, representado por un caudillo desequilibrado, montado sobre una estructura clientelar desvencijada.

El primero, el pueblo, cuenta con la legitimidad que emana de sí mismo, con la fuerza de la razón que surge de la democracia participativa y del derecho a la resistencia contemplado en la constitución; pueblo que ha dado muestras de valor y de arriesgar su vida si es necesario (varios lamentables sucesos, resultado de la represión del gobierno, ya se han registrado) para lograr un cambio en la política del gobierno o su destitución. El segundo, el caudillo, controla todos los poderes del Estado gracias a una constitución hecha y violentada a su medida, con su popularidad y legitimidad por los suelos, pero prevalido de las bayonetas y la militarización de los alrededores de Carondelet, único factor que le permite mantenerse en el poder. Autócrata represor que se empecina en continuar su políticas antipopulares sin escuchar al pueblo y/o a la oposición, sin importarle las consecuencias para la nación.

Ante dicha situación antagónica, que no puede prolongarse de manera indefinida por el bien del país, se torna imprescindible la intervención de las Fuerzas Armadas, institución que se ha resistido a la manipulación política del régimen, y  que como ha ocurrido en el pasado, en similares circunstancias, sería la única capaz de plantearle de manera frontal y realista al caudillo y su camarilla que ha llegado la hora de decidir: o acepta las demandas del pueblo sublevado en las calles, esto es archivar las enmiendas constitucionales y su pretensión de permanecer indefinidamente en el poder, o renuncia tal como lo contempla la constitución.

Disyuntiva que, cabe recordar, ha sido insinuada por el propio Rafael Correa aunque planteada a sus mandantes, al comentar en varias de sus alocuciones sobre las protestas sociales que “es el pueblo ecuatoriano el que ahora tiene que elegir”. Elección que como indicamos ha sido expresada de manera categórica en las calles, por lo que es  al  dictador a quien corresponde decidir.

Conociendo el talante intolerante del caudillo lo más probable es que se victimice y se vea “obligado” a optar por la segunda opción (para no exponerse a la “humillación” de ceder ante el pueblo ecuatoriano).  Si así fuera dicha renuncia requeriría se amplíe a todos los órganos del Estado cooptados artificiosamente por el correísmo, para dar paso a la constitución de un gobierno provisional de representantes de la sociedad civil y a elecciones anticipadas y/o una nueva Asamblea Constituyente, todo lo cual permitiría restaurar la tranquilidad en el país y la confianza de la ciudadanía en el sistema democrático.

Una intervención de esa naturaleza no provocaría un deterioro de la ya seriamente afectada imagen del país, como algunos analistas estiman. Por el contrario, en vista del record acumulado de violación de los derechos humanos del régimen correísta, de medidas anti democráticas, de políticas clientelares, de la escandalosa corrupción gubernamental, de una política exterior de alianzas con gobiernos dictatoriales, y tomando en cuenta la tradición de democracia participativa anti autoritaria del pueblo ecuatoriano, aunque todavía imperfecta, la medida sería recibida con beneplácito por la mayoría de gobiernos democráticos a nivel internacional.  Muy importante será el rol que pudieran cumplir en este sentido los diplomáticos del servicio exterior de carrera, que no han actuado como colaboradores cercanos del régimen mafioso correísta, para explicar la delicada situación del país, así como las mencionadas medidas para la restauración del sistema democrático, ante la comunidad internacional.

 

 

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TRASCENDENCIA DEL MES DE AGOSTO E INCAPACIDAD PARA GOBERNAR

TRASCENDENCIA DEL MES DE AGOSTO E INCAPACIDAD PARA GOBERNAR por Gustavo Palacio Urrutia

La heroica marcha por la Vida y la Dignidad, iniciada en el Pangui, en la Cordillera del Cóndor, llegará pronto a Quito, donde coincidirá con el levantamiento del movimiento indígena y el paro nacional de los trabajadores.

Tanto en Quito como en muchas ciudades del país se anuncian adhesiones de diversos gremios, así como apoyos de ciudadanos de los sectores populares y de la clase media, que se unen a la lucha contra la dictadura correísta.

De los resultados de la protesta social que se concentrará en Quito, el 13 de agosto, dependerá la suerte del Ecuador.

Son varios los aspectos de significación y trascendencia que estas expresiones de rebeldía y lucha tienen para el futuro del país:

En primer lugar se trata de la posibilidad real de poner término a un proyecto de orientación totalitaria de más de ocho años, sin precedentes en nuestra historia moderna, lo cual tendrá gran repercusión a nivel regional e internacional. Recordemos que anteriormente, cualquiera que hubiera sido el partido gobernante, se respetaba la conformación del tribunal electoral de carácter multipardista, y no existían pretensiones de oportunistas de cambiar la constitución para permanecer de manera indefinida en el poder.

Por otro lado, se trata de acabar con un régimen mafioso y corrupto, también sin precedentes en nuestra  historia, compuesto de políticos reciclados de la vieja y nueva partidocracia, que combina la propaganda masiva con la compra de conciencias, el clientelismo, el corporativismo estatal, la coerción y el chantaje para la consecución de sus fines políticos. Régimen que ha destruido la institucionalidad democrática y que amenaza con una debacle económica de inusitadas proporciones.

Finalmente, y tal vez lo más importante, se lucha para poner fin a un gobierno dedicado a satisfacer los intereses, ocurrencias y caprichos de un individuo que está evidentemente trastornado sicológicamente, que no es capaz de ver la realidad y tomar decisiones de manera estable, pensando en el bien común, con el que resulta imposible dialogar o construir consensos. Condición anómala que lo convierte en un peligro para el país y lo incapacita para gobernar.  Visión que estimo comparte un gran número de ecuatorianos.

Una  paradoja en la historia de la vida política del país si consideramos todos los presidentes que han sido caracterizados como “locos” y que recibieron la aclamación popular así como su posterior rechazo, y que en el caso particular de Abdalá Bucaram terminó con su destitución por decisión del Congreso Nacional que lo declaró “incapacitado mental para gobernar”.

La dura realidad del momento presente que vivimos, en comparación con los casos del “folclor” populista del pasado, ausente en la mayoría de los análisis políticos de coyuntura, es que en esta ocasión el caudillo populista y Jefe de Estado, Rafael Correa, convertido ahora en dictador, está claramente  perturbado (hecho igualmente sin precedentes), con síntomas preocupantes: delirios de grandeza y persecución, paranoia, interpretación antojadiza de la realidad, cambios bruscos de comportamiento, conducta violenta, aislamiento, deterioro de las emociones, etc. Cuadro que según los expertos, de comprobarse mediante el examen clínico respectivo, podría considerarse como un caso de esquizofrenia o de bipolaridad.

Desorden psíquico que me temo ya se ha evidenciado de manera fehaciente a lo largo de ocho años en un discurso megalómano, mesiánico, intolerante, cáustico, que denigra la identidad de los ecuatorianos. Trastorno también reflejado en contradictorias políticas públicas, que mantienen al país en la pobreza y subdesarrollo (lo que Correa cataloga como el “Milagro Ecuatoriano”), en el continuo despilfarro de los recursos del Estado para satisfacer un ego insaciable,  conjuntamente con una actitud prepotente y agresiva del caudillo en el ejercicio diario del poder, que atenta contra la constitución y los derechos fundamentales de los ciudadanos, incluso cuando se trata de personas comunes sin ninguna afiliación política. Para nadie es un secreto además que los problemas sicológicos de Rafael Correa no son nuevos, y que existen infinidad de testimonios, de sus propios familiares y amigos, sobre su comportamiento irritable, su ego y ambición desmedidos, su afán de competencia enfermiza, su violencia incontenible, sus rencores y conflictividad social durante su infancia, juventud, edad madura, hasta el presente.

Conducta que los encargados de la propaganda gubernamental tratan de maquillar aduciendo cínicamente que se trata del “estilo confrontativo” de su líder y de supuestos “códigos” regionales incomprendidos. Actitud violenta y represiva que se ha convertido en política de Estado, de corte fascista, impartida por los hombres de confianza de Correa a través de los distintos ministerios.

Es por ello que los acontecimientos del presente mes de agosto acarrean una importancia histórica enorme para los destinos del país. O dejamos que nuestro querido Ecuador continúe siendo destruido en su institucionalidad democrática y su economía, dejando endeudadas a las futuras generaciones, para saciar las ansias de grandeza de un tirano que luce seriamente alterado (capaz de intentar manipular a las Fuerzas Armadas, generar violencia y propiciar incluso un autogolpe para victimizarse) o apoyamos de manera solidaria la lucha liderada por los movimientos sociales y ciudadanos por la democracia y la libertad, lo que nos permitirá  encausar al país, en base a consensos, por una senda de desarrollo.

La encrucijada planteada no permite elección. Nuestro deber como ecuatorianos es unimos para recuperar la Patria y la democracia secuestradas. No hacerlo nos convertiría en cómplices de uno de los gobiernos más ignominiosos de la historia del Ecuador.

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ANALISIS CRITICO DEL DISCURSO CORREISTA Y CRISIS DE IDENTIDAD NACIONAL por Gustavo Palacio Urrutia

ANALISIS CRITICO DEL DISCURSO CORREISTA Y CRISIS DE IDENTIDAD NACIONAL

Un buen número de historiadores y sociólogos coinciden en señalar que una de las tareas fallidas y/o inconclusas de los Estados Latinoamericanos ha sido la creación y formación de una identidad nacional, necesaria para  alcanzar la “Modernidad”.

Si ampliamos la idea, esto significa que la falta de una identidad nacional con la que se sienta representada (identificada) la mayoría de la población, no ha permitido la construcción exitosa de una sociedad inclusiva y un estado moderno, con instituciones democráticas fuertes.

En opinión de los estudiosos del tema, el nivel de desarrollo y fortalecimiento de la identidad nacional depende del grado de cohesión social y aceptación de la diversidad étnica, especialmente importante en el caso de América Latina.

Esta forma de entender la modernidad y el desarrollo del capitalismo (bajo su versión del estado de bienestar) en términos de identidad nacional y su impacto en la  institucionalidad, adquiere sentido específico cuando consideramos el caso ecuatoriano. Como muchos otros países latinoamericanos, con procesos identitarios inconclusos de similares características, el Ecuador constituye un ejemplo de dicha condición histórica “fallida” , que otorga al país una condición de  “pre modernidad”, con un estado deformado, populista y clientelar, débil institucionalmente y que conculca los derechos de los ciudadanos, en un contexto de discriminación étnica y social.

En nuestro pequeño pero mega diverso, pluricultural y multiétnico país, existen normas y códigos claramente excluyentes, que forman parte de una jerarquía social basada en el “blanqueamiento” (etnocéntrico) heredada de la época de la colonia y de su sistema de castas, que escinde la sociedad, y que ha jugado un papel negativo en la formación de la identidad nacional. Normas y códigos sociales y culturales de ejercicio del poder, caracterizados por el racismo y la intolerancia hacia el otro, de aspiraciones de ascenso social discriminatorio, que se construye, difunde, reproduce a través del discurso, en todo lo que su complejidad simbólica entraña, que responden a roles y relaciones sociales en un contexto histórico determinado. Discurso que se ha venido trasmitiendo y reproduciendo de generación en generación y que llena todos los espacios de la cultura y la política.

En el contexto mencionado, varios latinoamericanistas, como el chileno Jorge Larraín, han identificado que en la historia de América Latina han habido varios ciclos de construcción de la identidad nacional y regional, acompañados de proyectos de fortalecimiento institucional, pero que han terminado en crisis, como intentos fallidos,  en gran medida por no haber sabido superar la matriz de exclusión étnica y social heredada, a través del discurso, del pasado colonial.

El tema adquiere relevancia en la actual coyuntura, pues existe suficiente evidencia empírica para sustentar la hipótesis de que la reciente ola de gobiernos autoritarios (dictaduras civiles para algunos) en la región respondería a un nuevo ciclo (fallido nuevamente) de creación de la identidad latinoamericana, provocado en gran medida por un reordenamiento económico y social y el incremento de capas medias de la población en las últimas décadas, con una élite blanco mestiza y mestiza, que participa en el quehacer no sólo económico sino político y disputa el poder a las antiguas élites. Subrayo que se trata de un intento de forjamiento de identidad principalmente desde el discurso del poder.

En el caso ecuatoriano, este nuevo ciclo se ve claramente reflejado en el discurso político populista del régimen correísta. Como sabemos el discurso populista siempre se presenta con una formula dicotómica, binaria y maniquea de la sociedad, con la tradicional división de los buenos y los malos, con el líder como la encarnación de los primeros. Eso es lo que hace Rafael Correa, pero acentuando la confrontación sobre la base de “diferencias” étnicas y sociales, entre los que el llama los pelucones: blancos rubios, altos ojos verdes, (que él admira) versus el resto de la sociedad: el pueblo, el cual él dice representar.

En un reciente trabajo académico que tuve la oportunidad de realizar sobre el tema, me fue posible identificar desde la óptica del “análisis crítico del discurso”, en el discurso populista de Rafael Correa, la creación y reproducción de varias identidades, las cuales sobrepasan la mencionada visión dual de las identidades explicitas en el discurso populista. Así, en primer termino, en contraposición a la oligarquía conformada por los “malos” pelucones blancos, rubios, altos, de  ojos claros, Correa desarrolla de manera unívoca la identidad de los blancos mestizos buenos. Según Correa, estos “blanco-mestizos” altos, educados, son los buenos ciudadanos que respaldan la revolución ciudadana y que van a transformar la sociedad.

Para Correa el ideal del ciudadano ecuatoriano de la revolución ciudadana (una especie de relanzamiento de la raza cósmica) debe ser a su imagen y semejanza. Es decir, un profesional “exitoso” de clase media y alta, parte de la gente que el llama “decente”, que emula el fenotipo blanco europeo, que asiste a los homenajes de “desagravio” que hace para los miembros de su gabinete. En un segundo plano, en una escala inferior, con distinta valoración, pero siempre por debajo de los blanco mestizos que él considera representar, Correa recrea las identidades de los que él cataloga como:  “esos cholitos”, los “morenitos” (afro descendientes), esos “indígenas ridículos” y “longos” incivilizados, cuyo acento serrano imita en son de burla y escarnio político.

De todas las identidades de Correa, la que más sobresale en su discurso es la de él mismo: el “súper hombre” el “héroe  blanco mestizo, de ojos verdes,  alto, de “hermosas” facciones (una especie de Rock Hudson criollo), con PHD, hombre de excepcional talento y cualidades, de mundo, educado en el exterior, que “habla” varios idiomas de manera fluida, justiciero, confrontador, el líder que es capaz de sacrificarse por su pueblo y permanecer en el poder indefinidamente con la noble misión de civilizar y redimir al país entero.

Esa imagen construida por él de sí mismo, es a su vez el ideal que inspira a la élite “meritocrática” y de nuevos ricos. Allí están en primera fila sus amigos y colaboradores cercanos, de similares características identitarias: los Alexis Mera, los Alvarado, los Patino, los Glass, los Jalk, los Samán, los Antón, los Eljuri, los Kabalan Abisaab, las sumisas Nataly Cely, las Baki, las Ribadeneira, las Alvarado, entre otros.

Ellos son los nuevos buenos “pelucones blanqueados”. Son la élite  que disputa el poder político a la “vieja oligarquía” también blanco mestiza, también blanqueada pero de tiempo atrás, por la que Correa siempre muestra especial interés y admiración (las peluconcitas de gafas preciosas), por sus apellidos “rimbombantes” pero que rechaza por  su “egoísmo”, por su ignorancia y torpeza por no saber incluso llevar con inteligencia su propia condición de explotadores. Opinión respecto de la cual, al parecer, está verdaderamente convencido.

El sueño del ideal correísta es así una  identidad híbrida (semicolonial) con una actitud ambivalente de amor (admiración) y odio hacia la “vieja” élite, que se proyecta igualmente, incluso en el ámbito personal, respecto de Europa y Estados Unidos. Basta ver una de los fotografías de Correa, posando para las cámaras como acostumbra, con una de sus nuevas gafas, con alguna de sus camisas “folklóricas” especialmente diseñadas, combinadas con finos trajes occidentales, ostentando uno de sus lujosos relojes, y acompañado de sus perros de raza, para percibir dicha identidad.

Al inicio de la “revolución ciudadana” Correa, a fin de contentar a los diferentes grupos de electores y lograr sus objetivos de concentración de poder, se presentó como el promotor de una nueva identidad nacional incluyente, para todos y todas. Al poco tiempo, sin embargo, a través de su discurso emprendió la construcción de su imagen como líder único de un sector de la clase media blanco mestiza con la que él se sentía identificado. El resto de los sectores sociales pasaron a ser tratados con una visión paternalista y autoritaria y a ser sujetos de acoso “bullying”, división y chantaje político. Expresiones culturales de ejercicio del poder despótico y de creación de identidad vertical asimilados por Correa desde su juventud, bajo la influencia cultural y del discurso político de determinados estratos de la sociedad, en particular de Guayaquil.

Bajo dicha postura encumbrada de Correa, favorecido por un andamiaje que le otorgaba el control de todos los poderes del Estado, dichos sectores sociales pasaron a ser catalogados ya no como los ciudadanos de la revolución, sino como  los pobres e ignorantes que requieren de ayuda para elevar su nivel social y ser incluidos por el Estado benefactor. El Estado es imaginado por Correa como el gobierno semicolonial de los blanco mestizo educados que lo idolatran. Gobierno  cuya “innovación” en ciencia y tecnología consiste en imitar la “excelencia” burocrática de los países de Europa y Estados Unidos, así como su modelo de enseñanza y universidades. Esta circunstancia explica la coincidencia de criterios entre Correa y políticos conservadores del siglo XIX, como García Moreno y Domingo Sarmiento, que aspiraban a traer el iluminismo europeo a los incivilizados ecuatorianos y argentinos.

Finalmente Correa en los años recientes ha optado por crear y pretender imponer a la sociedad ecuatoriana una identidad suprema, de un ser “divino” de cualidades extraordinarias. Es obviamente la de él mismo, pero ahora como el “salvador”. Cabe recordar que Correa se ha comparado con el Papa Francisco y con  Jesucristo, y que equiparó al pueblo ecuatoriano con los judíos, insinuando que estaría dispuesto a ser crucificado por dicho pueblo, si era necesario: “De un domingo a viernes, tiempo de acuerdo a la tradición, las mismas manos que batieron palmas para recibir a Jesús como rey, se levantaron en puños para pedir su crucifixión precisamente por ¡creerse rey! Manipulados por los hacedores de “opinión pública”…Los poderes fácticos de aquella época”. Según Correa esto sucede debido al estado de ignorancia en que se encuentra sumido el pueblo ecuatoriano y a la manipulación de la derecha.

Así, con esta visión mitológica de la realidad y de sí mismo, Correa termina confrontado con todos los sectores que conforman la sociedad, con el pueblo “incivilizado” del Ecuador. Sólo quedan él y su séquito contra el resto de la sociedad, que son sus súbditos rebeldes y que, paradójicamente para Correa, incluyen a un significativo sector blanco mestizo educado que lo desprecia y rechaza.

Estimo que el  mencionado análisis sobre discurso e identidad en el Ecuador brinda nuevas luces para entender la dinámica social  y política ecuatoriana, incluida la actual situación de crisis que vive el país, pero es obvio que requiere un estudio aún más profundo.

Una de las ventajas que de manera particular ofrece este enfoque es respecto de la perspectiva tradicional del fenómeno populista ecuatoriano. Ayuda a explicar, por ejemplo, de manera más coherente cómo el discurso “tecnocrático” del régimen correísta, que prioriza el uso de la razón, concebida como ciencia y la tecnología (peligrosa en manos autoritarias), no es sino parte de una fachada identitaria vacía de contenido. Después de ocho años de Correísmo, la charlatanería tecnocrática se evidencia en el pésimo manejo de la economía, cuya consecuencia es una grave crisis de inusitadas proporciones que pone en riesgo la dolarización, el manejo ineficiente de la producción y comercialización del petróleo, la contaminación de la Amazonía, el endeudamiento exorbitante en condiciones onerosas e insostenible, el fiasco de Yachay y del pregonado cambio de matriz productiva, sólo para mencionar varios aspectos relevantes.

Desde una perspectiva más general, el análisis crítico del discurso relacionado al estudio de la creación de identidad proporciona elementos de juicio que cuestionan el planteamiento efectuado por Ernesto Laclau, recogido por varios intelectuales de izquierda que terminaron desencantados con el filósofo argentino, sobre el supuesto beneficio que el populismo brindaría a la democracia. Esto debido a que la creación de una identidad nacional, latinoamericana o ecuatoriana requiere de una relación horizontal entre todos los ciudadanos, entre gobernados y gobernantes y no una vertical como lo presupone el populismo esbozado como ideología por Laclau. Situación que favorece el autoritarismo y recrudece la violación de los derechos humanos. Cabe aquí la reflexión de que en el caso de América Latina históricamente el populismo es consecuencia de la crisis de identidad (y no al revés), a la vez que la retroalimenta.

El análisis crítico del discurso en la formación de la identidad nacional permite asimismo explorar la destrucción de la institucionalidad que acarrea el populismo y pone al descubierto el simulacro de construcción de una nueva. Descubre la retórica que manipula el deseo “natural” de la población de reconocerse con dignidad, de ser alguien con reconocimiento social dentro y fuera del país. Retórica que acompañada de prácticas clientelares  termina degradando al individuo y socavando las estructuras institucionales. El análisis crítico del discurso en el caso del discurso correísta revela como el populismo se aprovecha de la institucionalidad destruida  para montar una  estructura de poder y reproducir una jerarquía social arcaica con el líder y una nueva élite a la cabeza, que en el caso ecuatoriano, como en el resto de los países de la Alba, requiere un proyecto antidemocrático de tiempo indefinido.

Bajo la perspectiva planteada, Correa es el resultado de varios discursos heredados, que gravitan alrededor del ejercicio del poder, la gran mayoría de ellos retrógrados, racistas, autoritarios, de tradición populista, denigrantes para la nacionalidad ecuatoriana. Discursos simbólicos, donde tanto significados como significantes son permanentemente trastocados con fines de propaganda política partidista.

El análisis crítico del discurso correista, después de ocho años en el poder, permite inferir también que la actual crisis política parecería significar el fin del nuevo ciclo de intento (fallido nuevamente) de creación de la identidad nacional, caracterizado por la confrontación entre el súper hombre blanco mestizo racista, idealizado y representado en Rafael Correa y el resto de identidades excluidas y denigradas en su discurso, que ahora buscan su reivindicación.

Es posible que la actual lucha por el retorno a la democracia liderada por los movimientos sociales, principalmente por el movimiento obrero e indígena, a los que se suman los maestros, estudiantes, jubilados, médicos, así como varios sectores medios blanco mestizos y mestizos, del sector público y privado, en particular de Quito, que rechazan la visión social semi colonial del correísmo, signifique el inicio de un nuevo ciclo que impulse la construcción de una identidad nacional ecuatoriana sobre la base de la cohesión social y la aceptación de la diversidad cultural y étnica.

Proceso que de ser exitoso permitiría liberar al Ecuador del autoritarismo y de prejuicios atávicos e iniciar la búsqueda de alternativas a la fallida modernidad, que recojan las advertencias formuladas por pensadores como Adorno y Horkheimer, con miras a la creación de una sociedad mas justa y digna para nuestros hijos y las generaciones futuras.

 

 

 

 

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Señales de alarma del Correísmo

 

Señales de alarma del Correísmo

Me permito hacer algunas reflexiones sobre varias señales de alarma que están lanzando, de manera directa e indirecta, varios funcionarios del gobierno sobre la gravedad de la crisis en el país.

En la Politécnica Nacional se reunieron los “ideólogos” del gobierno Fander Falconí, y Pavel Muñoz, con los “neoliberales” Alberto Dahik y Walter Spurrier. El gobierno publicitó el evento como parte del diálogo con la “oposición de buena fe”, aunque como se sabe se trata de dos figuras vinculadas a determinados círculos empresariales de Guayaquil, con las que el propio Correa conversa (como el mismo lo ha insinuado en el caso de Spurrier) y que no forman parte de la oposición.

Fue interesante notar que lo que parecía iba a ser un debate entre dos posiciones antagónicas, se convirtió mas bien en una reunión de amigos pero que tampoco dejo de sorprender por su contenido, en la que tanto Spurrier y sobre todo Dahik alertaban con mucha claridad, dramatismo y datos económicos sobre la “gravísima crisis económica que se está gestando”, fundamentalmente debido a la retirada de depósitos bancarios y fuga de capitales, y aconsejaban a sus contertulios sobre las medidas que se debían adoptar para evitar el colapso económico del gobierno correísta y el país. Muñoz y Falconí trataron de eludir el problema planteado, y en sus intervenciones optaron por repetir su viejo discurso sobre la recuperación de la memoria histórica, la “larga noche neoliberal” y los supuestos “logros” de la revolución ciudadana.

Al final de la exposición, durante la ronda de preguntas, Pavel Muñoz se vio obligado a pronunciarse sobre lo planteado por Dahik. Compartió con éste su preocupación por la gravedad de la situación económica, aunque optó por subrayar que la crisis se debía a condiciones externas y no a la mala conducción del régimen. Indicó que lo único con lo que no coincidía con Dahik eran en sus expresiones pesimistas con las que se golpeaba el ánimo de la sociedad frente a la crisis, “en lugar de verlo como una oportunidad”. Criticó también el uso de expresiones que pudieran favorecer a quienes buscan hacer terrorismo económico para desestabilizar al régimen. Al terminar el encuentro ambos, Falconí y Muñoz, lucían con la cabeza gacha, apesadumbrados, derrotados.

Se debe resaltar que si bien la gravedad de la situación económica ha sido ya denunciada por varios analistas a través de los medios independientes, lo cual ha sido perfectamente asimilado por la ciudadanía, llama mucho la atención que se la trate de manera pública en un evento del gobierno, caracterizado por su autoritarismo y falta de transparencia, el cual ha rehusado hasta ahora reconocer la posibilidad de una crisis económica.

Sobre la mencionada conferencia caben varias interpretaciones. Una es que el régimen, o algunos miembros del régimen, preocupados por su futuro político, quieren dar la señal de alarma sobre la posibilidad de una crisis económica descontrolada, y dejar constancia de ello, para lo cual buscaron aprovechar el supuesto diálogo con Dahik y Spurrier. Bajo esta interpretación, cabría considerar que el gobierno esté buscando preparar a la opinión pública para que se resigne frente a una eventual adopción de drásticas medidas de ajuste, como lo recomendó Dahik en su exposición.

Cabe finalmente la posibilidad de que la intervención de los analistas fue más allá de lo esperado por los anfitriones gobiernistas del aparente “dialogo”, produciendo como efecto colateral el incremento de la desconfianza de la opinión pública en el manejo económico del régimen. Algo que parecería confirmarse toda vez que el video completo de la conferencia fue borrado de YouTube y de la pagina web de la Escuela Politécnica sin explicación alguna.

Durante la misma semana Xavier Lasso, nuevo Canciller subrogante, ofreció una rueda de prensa para explicar su retorno al país, su rol en el gobierno y la relación con su hermano, Guillermo Lasso. El hermano del “banquero”, como se refiere el régimen al dirigente de CREO, Guillermo Lasso, indicó que decidió regresar al Ecuador y dejar su puesto como representante del país ante las Naciones Unidas en Nueva York para “jugársela” por el proyecto político. Lo dijo con un tono bastante dramático, reflejado en su rostro, dejando la duda de si era la postura de un hombre aparentemente ingenuo y cándido que aún no se ha dado cuenta de la falta de calidad moral de sus socios de la élite correísta, o de si simplemente se trata de un astuto oportunista que se acomoda según las circunstancias.

Lasso dejó implícito en su explicación que el gobierno y el país atraviesan por una situación muy compleja, grave, y que el quiere “jugársela”. Lo que no aclaró es por cuál de los proyectos políticos es que lo va a hacer. Por el proyecto de Correa, en su plan A ó B (este último el de victimización para salir corriendo del país aludiendo un golpe de estado). Por el de Patiño, supuesto representante del ala de izquierda. O acaso por el de Nataly Cely, los Alvarado y el Vicepresidente Glas (cuyo padre continúa “hospitalizado” sin rendir cuentas a la justicia por la violación de una menor de edad) todos ellos del ala “empresarial” de derecha del gobierno. Sobre su hermano Guillermo, rechazó que su regreso al país sea parte de una maniobra política para hacerle daño. Dio toda una larga explicación sobre el sacrificio que había hecho al mantener distancia desde Nueva York respecto de la actividad política del dirigente de CREO, para concluir que a pesar de sus diferencias ideológicas primaba una actitud ética de respeto mutuo. No aclaró sin embargo cuál era su postura sobre la cadena interminable de insultos e infamias proferidas contra su hermano de parte de su Jefe, Rafael Correa y sus ministros, la cual continúa hasta hoy.

En la sesión de preguntas, Xavier Lasso dijo no conocer sobre si han ingresado recientemente a la más de 300 nuevos funcionarios sin cumplir con los requisitos indispensables y se dedicó a darle una lección de ética periodística a quien se atrevió a formularle la pregunta. Mi reflexión es que la postura y llamado a la ética de Lasso es muy cuestionable, pues es por todos conocidos que el Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador ha sido institucionalmente devastada por la política clientelar correísta, afectando a los funcionarios diplomáticos y administrativos de carrera del servicio exterior. Es precisamente el actual canciller Patiño, ahora a cargo de la creación de las fuerzas de choque de Alianza País, quien ha utilizado la institución como un botín de poder político y despilfarro económico como nunca antes había sucedido en la historia de la institución. Hoy en día hay más de dos mil funcionarios “trabajando” en la cancillería ecuatoriana, cifra que contrasta con las setecientas personas que aproximadamente había en el año 2007. La mayoría de nuevos funcionarios han entrado por concursos amañados, o por contratos controlados por Patiño y sus asesores.

Xavier Lasso puede constatar por sí solo cuando recorra los pasillos del edificio adjunto al Palacio de Najas, la situación de hacinamiento que se vive en las diferentes dependencias del ministerio, con todas las consecuencias que ello conlleva para el funcionamiento institucional, incluso en el aspecto sanitario. Si se toma la molestia de revisar el estado de las misiones diplomáticas, podrá enterarse como la mayoría de nuevos funcionarios son enviados al exterior en grupos numerosos, leales a Patiño, sin contar con la más mínima preparación.

En algunos casos incluso sucede que estos tienen que regresar al país para recibir clases de idiomas y de otras asignaturas, debido a su ineptitud en las misiones diplomáticas ecuatorianas. Lo paradójico es que incluso continúan recibiendo los sueldos del exterior.

Lasso se enterará, sino lo hizo ya en Nueva York, que el servicio de inteligencia del correísmo montado en la cancillería, clasifica a los funcionarios (incluidos los de carrera que ingresaron antes del 2007) en correístas leales, los cuales están ubicados en puestos de confianza, y quienes no lo son.

Convendría entonces que Xavier Lasso se informe él y responda a la pregunta formulada por la periodista que refleja plenamente la inquietud de la mayoría de ecuatorianos, indignados con el dispendio irresponsable del gobierno. Convendría que averigüe sobre las denuncias, sin aclarar, sobre los más de ciento veinte asesores de Ricardo Patiño, incluidos varios españoles vinculados al partido español PODEMOS, lo cual ha sido materia de investigación por parte de la contraloría y medios de comunicación independientes.

Es posible que la situación descrita ya la haya sentido en carne propia y de manera directa Xavier Lasso. Rodeado de la red patiñista en cancillería, el “pobre” hermano del banquero, no tendría ni siquiera en dónde colocar a su Jefe de Gabinete, traído especialmente de Nueva York para acompañarlo en su aventura.

Pienso que hace falta que Xavier Lasso aclare los temas mencionados, así como muchos otros de corrupción del gobierno, pues sino quedaría en claro que en realidad se trata de un hombre que le gusta fungir de idealista, utilizando sus cualidades dramáticas y pose de actor, con apetencias de poder igual o más grandes que las de sus socios “correístas”.

Hace pocos días otro de los ideólogos del gobierno correísta y ex viceministro de relaciones exteriores, Kintto Lucas, publicó un artículo advirtiendo sobre la grave crisis política que afecta al gobierno. Lucas sugiere, como única alternativa para tratar de revertir dicha situación, que Rafael Correa se respalde menos en el ala de derecha del gobierno, se mueva más hacia la izquierda, de un golpe de efecto y recurra a la muerte cruzada. Por su parte Correa, tozudo como es en cuanto a consejos, se refirió al tema en su reciente discurso con ocasión de la fundación de Guayaquil, indicando que no lo hará. Da la impresión, como lo he señalado anteriormente, que Correa se inclinaría cada vez más por su plan B.

 

 

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Qué culpa tiene la estaca… por Bruno Faidutti Navarrete

QUÉ CULPA TIENE LA ESTACA….

Por Bruno Faidutti Navarrete

Las ciencias económicas con sus teorías y modelos cada día son más exactas. Doctores en economía obtienen su título gracias a sus tesis que aportan mejoras a los modelos económicos existentes, sin desmedro de que aparezcan nuevos modelos que interpreten el comportamiento de variables que afecten el comportamiento económico en una sociedad.

La economía se la puede predecir siempre y cuando tengamos la información a la mano. Sin embargo, alineados o no los astros a favor, las predicciones económicas pueden fallar al no considerarse las reacciones de los actores económicos tales como la de los empresarios y la de los ciudadanos.

Los empresarios conocen su sector económico e interpretan el bienestar o fracaso como experiencia propia, formándose sus propias expectativas a futuro en el momento de invertir o no invertir en su actividad económica. El ciudadano consumidor planifica, e igual que los empresarios, se forma expectativas a futuro dependiendo de sus ingresos, toma vacaciones o invierte en bienestar: nuevo televisor, las “doras”, muebles, una buena cena, una botella de vino, distracciones, etc. Todo esto dentro de una racionalidad que se basa en la experiencia e información que tanto empresarios como consumidores poseemos.

Por tal motivo, encuentro divertido escuchar empresarios de diferentes sectores debatir socialmente diferentes criterios sobre la economía. Entre los que han ganado dinero se podría escuchar argumentos favorables a las directrices económicas del gobierno y entre los que no le favorecen los resultados, podrían decir que las políticas económicas del gobierno no funcionaron. En su agrupación, las expectativas racionales buenas son doblegadas por las expectativas racionales negativas; en ese momento es cuando los resultados económicos resultan impredecibles en el tiempo y es cuando las políticas públicas no funcionan. Por estas razones, en cada modelo económico o aplicación de una medida pública, se consideran las expectativas o reacciones de los actores económicos, caso contrario los resultados son negativos en el simple anuncio de las medidas económicas.

Podemos dar ejemplos al respecto de lo vivido pero tengo la seguridad de que en la vida republicana del Ecuador debe haber habido muchos ejemplos como los siguientes:

Ejemplo 1. Previo al colapso de los bancos en 1999, las autoridades económicas y políticos aliados al gobierno de Jamil Mahuad promocionaron con fuerza el Impuesto a la Circulación de Capitales (ICC) en reemplazo al impuesto a la renta. El ICC grababa el 1% a las transacciones bancarias, el mismo que funcionaba al momento de acreditar o depositar el dinero en cuentas bancarias, al momento del giro de cheques, transferencias o pagos realizados al contado con o sin la intervención de los bancos, los mismos que pasaron a ser agentes de retención obligados de tal impuesto. El simple anuncio de la posible ley estaba creando estragos de retiros de dinero en el sistema financiero nacional, principalmente, cuando públicamente en la promoción de la ley a ser aprobada se decía que: “por fin vamos a saber quién es quién en el país porque se va a grabar hasta las transacciones en bancos offshore”.

En noviembre 30 de 1998, se aprobó la ley del ICC ocasionando que el representante legal del Filanbanco, banco de mayores captaciones de depósitos en offshore, se vea obligado a acudir al Banco Central para renegociar un préstamo de emergencia para cubrir los retiros masivos de los clientes y negociar la entrega del banco, hecho que sucedió el 2 de diciembre de 1998.

Dicha ley fue el detonante de la escalada de retiros en el sistema financiero nacional ya que se violaba el sigilo bancario además de que nadie quería ser grabado con el 1% a sus transacciones bancarias. La prueba de aquello es que al entrar en vigencia el ICC el 2 de enero de 1999, cayeron seis bancos en ese mismo mes hasta que las autoridades decidieron congelar los depósitos del sistema financiero para frenar los retiros en el mes de marzo del mismo año.

Ejemplo 2. Relacionado con la misma crisis económica de fines de los 90s. Las constantes devaluaciones del sucre crearon expectativas negativas en la economía lográndose que el tipo de cambio sea un referente negativo a la actividad económica. Tan negativo fue el mal manejo de las políticas monetarias y cambiarias del Banco Central en los años 90s, que los bancos comenzaron a ofrecer a los clientes como parte de sus servicios, la apertura de cuentas en dólares. Es decir, con la información que poseía la ciudadanía al observar la escalada del tipo de cambio, se veía obligada a transformar sus ahorros de sucres, moneda que perdía poder adquisitivo constantemente con el pasar de los años, a dólares norteamericanos que mantenían su valor en el tiempo. Prueba de ello es que las cuentas bancarias estaban en dólares en un 60%previo a la implementación de la dolarización.

Ejemplo reciente. Las expectativas negativas actuales provienes de las siguientes informaciones que van recogiendo los empresarios:

Primero, el hecho de ubicar el precio del barril de petróleo a $79,7 como referente a los ingresos petroleros del presupuesto general del estado del 2015, a pesar de que desde octubre del 2014 se avizoraba un periodo de precios bajos para el barril de petróleo. Las autoridades económicas minimizaron el tema e interpretaron como que los precios bajos del momento iban a ser pasajeros.

Segundo, la decisión del presidente de rebajar los sueldos del sector público, aparte del efecto económico positivo que pudo haber ocasionado, envió un mensaje negativo a los actores económicos de que la plata se le estaba acabando al Estado.

Tercero, la aplicación de medidas de salvaguardias a productos importados tuvo dos lecturas negativas: la una, la oficial, que la medida era para salvar la dolarización; y la otra, que el gobierno necesitaba recaudar más impuestos afectando al comercio y por ende al consumidor de los bienes estipulados dentro de las salvaguardias.

Y cuarto, las tan publicitadas leyes de la plusvalía y a la herencia. No es cuestión de ponerse de acuerdo en el cálculo impositivo de las dos leyes tal como sugiere el poder ejecutivo, ni que le demuestren a quien afecta o no la aplicación de las mismas, porque en la actualidad y por algún tiempo, todos los actores económicos de la sociedad ya formaron sus propias expectativas sobre el tema y el mensaje es negativo para la actividad económica actual y futura. Recordemos que la inversión en bienes y raíces es una alternativa menos riesgosa para unos, dada nuestra experiencia de hace 16 años, de invertir en propiedades en lugar de ahorrar en un banco; por lo tanto, la mínima intensión impositiva sobre los ahorros de la familia afecta a ricos y a pobres.

A ricos porque pagarían los gravámenes directamente y a los pobres por que les afectaría la falta de empleos en el sector de la construcción. Lo más importante, que a todos nos mata la esperanza de ser ricos.

Tomemos como ejemplo un nuevo proyecto inmobiliario financiado por el 50% de familias que necesitan vivienda y el otro 50% por inversionistas que quieren especular con el tiempo. Dadas las posibilidades de la aprobación de las leyes de plusvalía y herencia, dicho inversionista desistiría de colocar su dinero en el nuevo proyecto inmobiliario -por más que se diga que se afecta en la segunda venta del inmueble- porque éste no quisiera que sus ahorros se afecten a futuro con la aprobación de nuevos impuestos, los mismos que serían calculados con tasas sobre la lectura de variables creadas por burócratas que no tienen idea sobre las intenciones de ahorro del inversionista.   Por eso se dice que los proyectos afectan al patrimonio familiar.

Finalmente, si lanzamos la pregunta a cualquier ciudadano del Ecuador, ¿Quieres ser millonario?, encontraremos una respuesta mayoritariamente positiva; entonces, ¿por qué matarles la esperanza al pueblo con leyes que limitan esa posibilidad de ser millonario? Me pregunto, ¿Acaso el eslogan del gobierno es: “que nos quiten todo menos la esperanza”? Si con la aplicación de los impuestos nos están quitando todo, ¿a qué esperanza se refieren? ¿A la de más gasto público? Es decir ceder la facultad única de manejar todos los recursos públicos y privados a las manos del estado ecuatoriano para que éste se encargue de distribuir equitativamente la riqueza. Parecería ser esta la intención del gobierno con su modelo de persecución a los generadores de riqueza.

La falta de inversión extranjera en el país es una realidad que afecta el desarrollo económico, no es un invento de la oposición al gobierno. No hay forma de cambiar las expectativas negativas de los ciudadanos con talleres de “socialización”; por lo tanto, el gobierno requiere del sector bancario nacional e internacional para salir de la crisis presupuestaria, de un ajuste a sus planes de inversión, de no movilidad de sus funcionarios por comisión de servicios, eliminar las salvaguardias arancelarias, desechar los dos proyectos de ley a la plusvalía y herencia y descartar cambios a la constitución. Todo esto con la finalidad de que cambien las expectativas negativas de los ecuatorianos sobre el futuro económico del país, caso contrario qué culpa tiene la estaca…

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SALUDO A LOS LECTORES

Estimados amigos lectores:

Desde hace algunos años he estado escribiendo y publicando artículos sobre la coyuntura del país.

Lamentablemente, debido a la censura impuesta por el régimen correísta, esto es cada vez más difícil.

Así, este Blog ha sido creado con la finalidad de poder brindar, sin censura, elementos de juicio para el análisis y solución de la grave situación de crisis política y económica por la que atraviesa el Ecuador. De manera particular Libre Ecuador busca contribuir con ideas para la construcción de consensos sobre temas de interés nacional y la restauración de la democracia en el país.

Libre Ecuador también aspira poder aportar al debate sobre temas relativos a la democracia, el desarrollo sustentable y la protección del medio ambiente, tanto a nivel nacional como internacional.

Para todo ésto es muy importante recibir sus valiosos comentarios y sugerencias.

Además de artículos míos, se incluirán artículos y libros de diversos autores sobre los temas mencionados.

Agradezco a todas aquellas personas que brindan su apoyo para el mantenimiento de este espacio de libre pensamiento.

Gustavo Palacio Urrutia

 

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Agravación de la crisis y Paro Nacional. (19 JULIO 2015)

Agravación de la crisis y Paro Nacional. (19 JULIO 2015)

La situación de crisis del Ecuador continúa agravándose. El gobierno correísta, frente a un escenario que parecería haberlo desbordado, luce desconcertado, sin saber como actuar, optando por aferrarse a viejas tácticas y estrategias que lejos de ser una tabla de salvación profundizan la crisis.

En lo económico, por ejemplo, lo más preocupante sin duda lo constituye el acelerado y peligroso endeudamiento público (incluida la deuda externa), así como la utilización de mecanismos de pago con dinero inorgánico que junto con las medidas de salvaguardia aumentan las interrogantes sobre la sostenibilidad de la dolarización en el país. Medidas desesperadas que buscan suplir la falta de liquidez en las arcas fiscales, claves para la perpetuación del proyecto totalitario, pero que no abordan los problemas de fondo del país: desaceleración de la actividad económica, (con afectación de sectores de gran significación por su dinamismo y efecto multiplicador como el de la construcción), incremento del desempleo, déficit de la balanza comercial y de pagos, disminución del índice de competitividad del país y aumento del riesgo país, incremento del costo de vida, fuga de capitales, entre los más significativos. Cuadro tremendamente negativo e injustificable tomando en cuenta los ingentes recursos con los que ha contado por más de ocho años el régimen correísta.

Cabe indicar que la mencionada situación de la economía podría complicarse aún más de continuar la contracción de la demanda de materias primas a nivel mundial, acompañada del incremento de la oferta en el caso del petróleo, así como por un clima de intranquilidad en el sistema financiero internacional, con China y la eurozona como protagonistas principales.

En el ámbito político, la actitud del gobierno es igualmente poco innovadora y exitosa. Como en el pasado, continúa aferrado a su discurso populista de representación binaria de la realidad, de amigos y enemigos de la revolución. Su llamado al dialogo es presentado bajo dicho esquema: los de buena y mala fe, los que hablan con la verdad y los que mienten. Con esta perspectiva toma asimismo medidas de amedrentamiento y división de la oposición, amparado en el control del andamiaje de todos los poderes del Estado. Este ha sido claramente el caso de su política hacia los trabajadores, el movimiento indígena, los estudiantes, los empresarios, aunque con magros resultados. Por un lado Correa se ufana en denostar públicamente a aquellos dirigentes y representantes de los sectores que son críticos con su gobierno, buscando deslegitimar y menoscabar la institucionalidad de su gremio. Por otro hace todo lo necesario para reafirmar la relación de lealtad y obediencia de parte de los pocos dirigentes leales a él, cuyas conciencias son compradas mediante “favores” económicos y políticos provistos por el aparataje clientelar estatal de Alianza País.

Asimismo, respecto de los actores y movimientos políticos, Correa confía en mantener dividida a la oposición vía la estigmatización, calificándolos como los representantes de la derecha, ultraizquierda ó izquierda infantil, en oposición a él, como encarnación del interés popular. Utiliza viejas prácticas de amenaza y chantaje con el fin de inmovilizar a varios de sus detractores y evitar nuevas convocatorias. Un ejemplo importante es el caso de las denuncias contra los alcaldes de Guayaquil y Quito y varios dirigentes políticos. Existen igualmente amenazas de acciones judiciales contra varios de los representantes del centro izquierda e izquierda, así como de los diferentes gremios, movimientos sociales y activistas de las redes sociales. Como años atrás continúa la censura sistemática a los medios de comunicación y se reanudan los ataques cobardes a plena luz del día contra los periodistas. La última víctima fue Christian Zurita, enemigo jurado de Correa por haber revelado los pingues contratos de su hermano Fabricio, ex tesorero de campaña y miembro fundador de Alianza País. Dicha persecución y ataques sin embargo, generan solidaridad y abonan a la decisión ciudadana de continuar su lucha por la libertad.

Las arremetidas de Correa contra sus detractores, en algunos casos con fines propagandísticos, chantaje y cálculo político rayan en el absurdo. Tal es el caso de la risible acusación de golpe de Estado contra varios asambleístas realizada por el Ministro del Interior, José Serrano, con ocasión de una de las marchas recientes y que se enmarca en una estrategia de victimización y justificación de la represión que ya ha sido denunciada. Igual de disparatada es la maniobra propiciada por la Asambleísta de Alianza País, Rosana Alvarado, de presentar una ley para retirar la pensión de los ex presidentes que se ausentaron del país sin el permiso del Congreso Nacional, con clara dedicatoria en contra de los ex presidentes Abdalá Bucaram, y Lucio Gutiérrez. Bucaram ha denunciado en varias ocasiones que se vio obligado a brindar su apoyo y a pactar con Correa al inicio de su gobierno, pero que éste luego lo traicionó, incumpliendo la promesa de facilitar su retorno al país.

 

Como se sabe, la propaganda es uno de los pilares fundamentales de la política del régimen correísta. Sin embargo, contrario a lo que sucedía en los primeros años de popularidad del caudillo, el aparato de propaganda montado por los hermanos Alvarado ya no rinde los resultados esperados. Esto se evidenció de manera clara durante la reciente visita del Papa Francisco, cuando el régimen trató burdamente de manipular la figura y doctrina de la iglesia con fines políticos, lo que causó el rechazo y la ira de la población que desafiante pifió a Correa en presencia del ilustre visitante y de toda la prensa internacional.

El fracaso del discurso, propaganda y accionar político del régimen en la actual situación de crisis se refleja no sólo en la debilidad de sus ataques contra la oposición, sin ninguna victoria digna de mencionar, sino también en la persistente caída de su popularidad, como lo indican varias encuestas, y su muy reducido poder de convocatoria en las calles. Un ejemplo de lo señalado fue la escuálida manifestación organizada por Alianza País en contra del Alcalde de Quito, Mauricio Rodas. Después de varios años de resistencia a la dictadura de parte de diferentes sectores sociales, la indignación social contra Correa y su gobierno se presenta mucho más fuerte que su política de propaganda, división y amedrentamiento. El atribulado caudillo parecería no entender que salvo contadas excepciones, es la ciudadanía la que convoca a las calles, que los dirigentes de manera consecuente se suman a la misma y no al revés, como tradicionalmente ha sido la práctica populista en Alianza País.

Un elemento adicional a considerar en el análisis sobre la actuación del régimen es el renovado afán de Correa de endurecer su política de control y represión social, lo que constituye una grave amenaza a la paz en el Ecuador de parte del Estado correísta. El régimen no sólo que ha montado un aparato de inteligencia y espionaje para dicho fin, con la asistencia de compañías como Hacking Team, sino que ahora anuncia de forma descarada la creación orgánica de sus propias fuerzas de choque, lo que deja entrever su desconfianza en las Fuerzas Armadas para reprimir el descontento popular. Un movimiento de “camisas pardas” que estaría dirigido por su hombre de mayor confianza, Ricardo Patiño. Militante de servilismo probado, de no muchas luces, pero igualmente ávido de poder, como lo revela su paso por diferentes ministerios, incluida la destruida Cancillería Ecuatoriana, convertida en nueva fuente de poder clientelar de Patiño. Los ahora importantes funcionarios Rommy Vallejo, Pablo Romero, Bayron Valle, Pedro de la Cruz, Octavio Villacreces, Patricia Dávila, son justamente, entre muchos otros, leales miembros de redes patiñistas creadas con la participación de su hermano Raúl.

Hay que recordar que Correa siempre ha contado con fuerzas de choque de inspiración fascista, provenientes de las redes clientelares de Alianza País, pero no en el número como requiere hoy, atemorizado por la numerosa presencia de la ciudadanía descontenta en las calles, cerca de Carondelet.

En resumen, se trata de un cúmulo de medidas políticas que al igual que las económicas resultan irresponsables e inescrupulosas, que buscan desactivar la protesta social y ganar tiempo para aprobar la reelección indefinida. Medidas que van de la mano con la política de violación de los derechos humanos de la dictadura, que agravarían la crisis y aumentarían el descontento de la gran mayoría de los ciudadanos.

Frente a la situación descrita es reconfortante observar que los sectores sociales, con el sector obrero e indígena a la cabeza, junto a los maestros, médicos, jubilados, estudiantes y la ciudadanía en general, empiezan a dar señales de actuar unidos, bajo planteamientos concretos de común interés, esenciales para la recuperación de la democracia, comenzando por el archivo de las enmiendas a la constitución, incluida la reelección indefinida y varias otras que cuestionan de raíz la legitimidad del régimen correísta. Son amplios sectores ávidos de iniciar el diálogo y la discusión sobre qué país queremos los ecuatorianos, pero que están conscientes de que el mismo sólo será posible efectuarlo cuando se restaure la democracia, en la etapa del post correísmo.

Las múltiples reivindicaciones sociales planteadas se perfilan como ejes de una estrategia de unidad de los ecuatorianos que permitiría cristalizar la consigna de “Fuera Correa Fuera” que grita la ciudadanía en las calles y plazas del país, en las redes sociales, con miles de miembros activos conscientes del peligro que corre la Patria.

En dicha ciudadanía y colectivos se observa un creciente y legítimo compromiso por poner término a la dictadura civil de Correa, como principal objetivo para superar la actual crisis nacional, mediante la protesta pacífica, incluido el paro indefinido, plantones y marchas. El anunciado próximo paro nacional será sin lugar a dudas un evento histórico que pondrá a prueba la posibilidad de unidad del pueblo ecuatoriano en su lucha por la democracia.

 

 

 

 

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